TenÃa que ocurrir, era únicamente cuestión de tiempo. Sólo quedaba esperar a conocer el lugar, y finalmente han sido los fronterizos territorios de Abjazia y Osetia, entre Georgia y Rusia, los elegidos por las alargadas y pérfidas garras de la industria del entretenimiento interactivo para sembrar y alentar, una vez más, el terror del que sólo el ser humano es capaz. Movilizado y motivado, eso sÃ, por la terrible lacra que desde hace unos años viene siendo responsable de los más cruentos crÃmenes imaginables, los videojuegos violentos.
Tras la reciente oleada de vandalismo y violencia desatada a raÃz de la desafortunada comercialización del conocido videojuego GTA IV, son muchas las infames noticias de sucesos protagonizadas por endebles individuos que no se pueden resistir a cometer los crÃmenes, sugestionados por estos poderosos y oscuros programas sobre los que los ciudadanos de bien nunca han escondido su preocupación.
El hipnótico y sangriento videojuego, encandilando las débiles y maleables mentes de jóvenes jugadores, vio a cada momento aumentar su popularidad y se extendió como la plaga que es entre la población más inquieta. Todo comenzó cuando distribuidores rusos, en un intento de sacar tajada de la incapacidad de la competencia georgiana para abastecer la demanda de GTA IVs, establecieron relaciones diplomáticas con las tiendas especializadas de la zona. El gobierno georgiano por su parte, entendiendo este movimiento como competencia desleal, lanzó una oferta pública de acciones hostil sobre las compañÃas responsables e instó a deponer tal actitud.
La respuesta de la economÃa rusa no se hizo esperar, reforzando el stock de GTAs en la zona, acusando a Georgia de fomentar la crispación y defendiendo su postura de abastecer de juegos procedentes del mercado ruso a quien procediese. Georgia denunció ante la comunidad internacional la venta fraudulenta de varios lotes de juegos, y el polvorÃn terminó por estallar ayer cuando el gobierno georgiano aseguró tener pruebas de haber derribado cuatro cargamentos ilegales de GTA IVs transportados en otros tantos camiones.
Mientras leen esta noticia, la crudeza del conflicto aumenta a cada instante, y con ella la de los ataques que como consecuencia de los videojuegos violentos se suceden en el norte de Georgia.
Soldados georgianos interrogados tras los brutales bombardeos han afirmado entre sollozos:
TodavÃa no sabemos cómo pasó. Estábamos allà tranquilamente, jugando [unos GTAs] después de comer, cuando de repente nuestros mandos se convirtieron en armas de fuego vendidas legalmente por paÃses desarrollados y nos entraron unas ganas locas de salir y atacar rusos y… y…
Recibimos en la redacción una noticia de última hora. Se han interceptado transmisiones secretas del gobierno georgiano, que guiado por su pundonor y haciendo un duro esfuerzo por la defensa de las libertades y valores de los ciudadanos de su paÃs, siempre en aras de su protección, ha declarado que distribuirá 100.000 copias de GTA IV entre sendos reservistas de entre 25 y 40 años para que “esos malditos rusos” [sic] sientan la violencia producida por el infecto videojuego en sus carnes, esperando que la exposición a dicha experiencia sirva de catalizador para sus más bajos y violentos instintos.
Una vez más, el mundo asiste, pusilánime, a la propagación del devastador manto de destrucción que perversamente se extiende sobre los más desfavorecidos y muy probablemente quede impune. Pierden los de siempre. Occidente mientras tanto, centra su atención en el acontecimiento deportivo del año, mirando hacia otro lado incluso cuando las bofetadas de la realidad obligan a girar la cara.
Qué bonitos los fuegos artificiales de ayer.
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