Hacía mucho tiempo que un juego no me atrapaba tanto como Dragon Age Origins. Y decir eso habiendo jugado en los últimos meses a títulos como Uncharted 2 o Halo 3: ODST es una afirmación bastante contundente…
De la excelencia de Bioware en los RPG poco se puede descubrir a estas alturas. Juegos como Mass Effect, Jade Empire o Los Caballeros de la Antigua República hablan por sí mismos de la capacidad de este estudio. Y Dragon Age: Origins no desmerece a ninguno de los anteriores.
Centrándonos en su versión para consola (inferior en ambos casos, Xbox 360 y Playstation 3, a la de PC), el juego presenta un aspecto gráfico un tanto tosco. Texturas pobres en escenarios y personajes, efectos gráficos mediocres (no existe, por ejemplo, la interacción con la hierba del entorno que sí existía en Jade Empire), son el denominador común. Sin embargo, la sensación a la hora de jugar es bastante sólida, posiblemente por el buen framerate y el gran diseño de los personajes y sus animaciones (especialmente las faciales, como viene siendo costumbre en Bioware), haciendo que las limitaciones gráficas no empañen la experiencia de juego.
En los aspectos sonoros nos encontramos con, quizá, la mayor desilusión de este juego: no ha sido doblado al castellano. Y es que cuando dos personajes que están a tu espalda inician una conversación obligándote a pararte y darte la vuelta para ver sus bocadillos de diálogo y entender lo que dicen, la cosa resulta un tanto perturbadora. Por lo demás, un buen doblaje al inglés (muy bueno, para ser totalmente sinceros), una banda sonora adecuada y efectos de sonidos competentes completan este apartado.
Cambiando de tercio, a la hora de hablar de jugabilidad, duración y entretenimiento es cuando encontramos los motivos por los que resulta tan fácil que las horas pasen volando en Ferelden. En Dragon Age: Origins nos sumergimos en una gran historia, con un elenco de personajes memorable y, lo que es aún más importante, la suficiente libertad de elección como para cambiar casi totalmente nuestra vivencia juego en cada nueva partida.
La selección de género, raza y origen (desde un enano noble a un elfo urbano, pasando por los inevitables magos) determinan tanto las primeras horas del juego como, por supuesto, nuestras características y habilidades. Pero, además de eso, las reacciones de los diversos personajes que nos vayamos encontrando a lo largo del juego están basadas en dicho origen, dotando de personalidad propia a cada protagonista.
Durante el desarrollo de la historia iremos añadiendo nuevos personajes a nuestro grupo, como es de esperar. Con algunos de ellos podremos incluso mantener una relación física, por cierto, así como acceder a diversas misiones personales según nuestra amistad con ellos y las decisiones que hayamos tomado a lo largo del juego. Un aliciente más del juego, perfectamente encajado en su contexto, no la especie de reclamo sexual barato que algunos medios generalistas parecen haber entendido.
Dejando a un lado las múltiples misiones secundarias, la estructura del juego es la clásica de los títulos de Bioware, de tal forma que en cada misión principal podremos optar por varias alternativas de resolución (habitualmente eso implicará el detrimento de una determinada facción a costa de la otra) e, igualmente, el final del juego vendrá definido por estas decisiones (y por otras, de las que no os voy a destripar nada, por supuesto). Sólo deciros que, por ejemplo, hay un logro/trofeo que consiste en conseguir los 4 finales distintos del juego.
En el modo de combate manejamos en tiempo real a uno de los cuatro personajes de nuestro grupo que aparecen simultáneamente en pantalla, pero podemos pasar en cualquier momento a otro miembro del equipo, así como predeterminar su comportamiento ante determinadas circunstancias o pausar el juego y darle las órdenes que consideremos oportunas. Las opciones son inmensas, la verdad, y el nivel de dificultad que elijamos nos permitirá tanto centrarnos en un único personaje en tiempo real durante la batalla como, por el contrario, plantear de forma más táctica y sosegada cada situación. Desde mi punto de vista todo un acierto, ya que permite una primera partida ligera en la que vas captando la múltiples posibilidades antes de enfrascarte en un auténtico reto táctico y de gestión de recursos y personajes (en cualquier caso, no os recomiendo el auto nivel de vuestros compañeros, ya que suelen decantarse por las habilidades que menos interés tienen para personajes de apoyo).
En cuanto a la duración, en el nivel de dificultad menor, avanzando sin detenerse demasiado en misiones secundarias, es posible completar el juego en poco más de 20 horas. Lo destacable, sin embargo, es que apenas hayas acabado esa primera partida posiblemente estarás deseando empezar otra. Un nuevo origen, nuevas decisiones, cambiar el objetivo de tu deseo, gestionar mejor tus recursos, elevar el nivel de dificultad, etc. El sueño de todos los que pagamos una pasta por estos juegos en cuanto salen a la venta, vamos. El único punto negativo es que, tras completar el juego, no podremos seguir paseándonos por Ferelden, y sólo podremos acceder a las misiones que vienen con el contenido descargable (el actual y el futuro).
Otro punto interesante del juego es que, como ya hiciera Epic con Gears of War 2 en su momento, encontraremos en su caja los códigos de descarga de tres nuevos objetos, una armadura compatible con el futuro Mass Effect 2 y de una misión secundaria con un nuevo personaje (compremos la edición normal o la coleccionista). Está claro que el movimiento pretende dos cosas: “obligar” a los piratas a pagar por dicho contenido (la misión es de pago si no tienes el código… casi 15 euros) y, a su vez, limitar el valor de una copia de segunda mano del juego. Una decisión que, desde mi punto de vista, es bastante coherente con la situación actual del mercado de los videojuegos. Ya no sabría decir si tendrá resultado o no, claro. Además ya hay disponible otro pack de contenido descargable (aquí ya sí que podríamos discutir el porqué no se incluye con el juego si ha salido a la venta simultáneamente) y se han anunciado nuevas descargas para los próximos dos años.
En conclusión, hay que reconocer que Dragon Age: Origins es un RPG de acción excelente. No deja de tener sus defectos y limitaciones, especialmente si comparamos la versión de consola con la de PC, pero es de esos juegos que consiguen que sus muchas virtudes borren de tu mente todo demás, incluso el mundo real. Mucho más “clásico” que Mass Effect pero igualmente memorable.
Y ahora llega el momento del gran final, claro. ¿Qué nota se le debe poner a un juego así?. Objetivamente considero que algo entre el 8.5 y el 9 sería lo más justo. Subjetivamente, especialmente si no puedes acceder a la versión de PC, me parece un juego casi de 10. Claro que, entonces, el juego en PC debería llevarse un 11 o algo así. Dejémoslo entonces en…
Nota final: 9
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